—Hola, mi niña hermosa. ¿Cómo te va? —saludó Rose con cariño y una sonrisa al ver a su hija en pantalla.
—Hola, mami…
—Oh, no. Tienes esa mirada caída y esa voz ahogada —detectó inmediatamente—. ¿Pasó algo? ¿Te peleaste con Soren?
—No, todo está bien con él, pero sí pasó algo… —lucía abatida. Soltó un largo suspiro y se acomodó en el sofá colgante del kiosco—. Jax está aquí en Seattle.
—¡¿Cómo dices?! —no sólo su madre habló, también su padre que apareció en la videollamada.
—¡¿Ese desgraciado