La residencia Adler se alzaba imponente en las afueras de Moscú, en una zona. Rodeada de extensiones cubiertas por nieve y custodiada por seguridad privada que no necesitaba uniformes llamativos para imponer respeto, la mansión parecía más un territorio que una casa. Dentro, el ambiente era igual de frío, incluso con las luces encendidas y el calor perfectamente regulado.
Rafael apareció temprano, como si nada hubiera pasado, como si no acabara de dejar un desastre detrás de él. Caminó por la s