—Eres un... —dijo Rafael, pero no alcanzó a terminar la palabra.
Dominik se acercó lo suficiente, la distancia entre ellos reduciéndose hasta que el aire se volvió denso, pesado. Lo miró con una tranquilidad que sofocaba, su presencia dominando el espacio sin esfuerzo.
—Cuida tus palabras, sobrino —murmuró Dominik, su voz baja y peligrosa—. Me debes mucho. Créeme, en este momento no me importa si eres mi sobrino.
En ese preciso instante, un mesero se deslizó a su lado con la gracia invisible de