El auto avanzaba con una suavidad. Samantha mantenía la mirada fija en la ventana, viendo cómo la ciudad se movía al otro lado del vidrio, pero en realidad no estaba prestando atención a nada. Su mente seguía tratando de alcanzar el ritmo de todo lo que estaba pasando, de entender en qué punto su vida había dado ese giro tan absurdo y tan rápido.
A su lado, Dominik parecía completamente tranquilo.
Sacó su teléfono con la misma naturalidad con la que había salido del hotel y marcó un número sin