capitulo 6: Propuesta imposible

[Pov' Samantha]

Estoy a punto de cruzar la salida cuando una voz suave me detiene antes de llegar a la puerta. Me giro apenas, con la incomodidad todavía pegada al cuerpo, y veo a una chica del hotel acercarse con una sonrisa educada, de esas que parecen ensayadas mil veces.

—Señorita, disculpe… el hombre de aquella mesa la está esperando.

Frunzo ligeramente el ceño sin entender y sigo la dirección que me señala. No me toma más de un segundo ubicarlo.

Dominik Adler.

Siento cómo la garganta se me seca al instante y tengo que tragar saliva casi sin darme cuenta. Por un momento me quedo quieta, completamente inmóvil, como si mi cuerpo no supiera si avanzar o salir corriendo de ahí. No estaba preparada para esto. No ahora. No después de despertarme y encontrarme sola.

Le agradezco a la chica con un gesto automático y, sin pensar demasiado, empiezo a caminar hacia la mesa. Mis pasos son firmes, pero por dentro todo está enredado. Aprieto el bolso entre mis manos como si eso fuera a darme algún tipo de estabilidad mientras me acerco.

Cuando llego frente a él, me obligo a mantener la compostura.

—Buenos días, señor Adler… —digo, evitando mirarlo directamente.

—No me digas así… —responde con calma—. Pareciera que estás hablando con mi padre.

Su tono no es duro, pero tampoco es ligero. Es… directo. Levanto la mirada apenas un segundo y luego la bajo otra vez, sintiendo esa incomodidad extraña que no sé cómo manejar.

Él hace un pequeño gesto hacia la silla frente a él.

—Siéntate.

Dudo un segundo, pero termino obedeciendo. Me siento frente a él, manteniendo la espalda recta, tratando de no mostrar lo incómoda que estoy. Hay un silencio breve que se instala entre los dos, y por primera vez desde que lo vi, me permito observarlo un poco más.

Y es raro.

Porque ahora, sentado frente a mí, sin la tensión de anoche, sin el caos… no se ve tan temible como debería. No tiene esa aura de peligro inmediato que esperaba. Es serio, sí, pero no es lo que imaginé. Eso me desconcierta más de lo que debería.

Me saca de mis pensamientos cuando habla.

—Samantha… quería disculparme por haberte pedido que te acostaras conmigo.

Parpadeo, sorprendida. No esperaba eso. No de él. No de un Adler.

Levanto la mirada, esta vez sí, mirándolo directamente por primera vez desde que me senté.

—No tiene que disculparse… —respondo despacio—. Yo también cooperé… además, la culpa no es suya.

Hago una pausa mínima, sintiendo cómo la rabia vuelve a asomarse.

—La culpa la tiene Rafael.

Él asiente apenas, como si ya supiera eso, como si no necesitara más explicación. Pero lo que vieno después… no me lo esperaba.

—Quiero que te cases conmigo.

Por un segundo estoy segura de que escuché mal.

Mi mente se queda en blanco.

—¿Qué…?

Lo miro, completamente sorprendida, tratando de encontrar alguna señal de que está bromeando, pero no hay nada en su expresión que lo indique. Está serio. Demasiado serio.

Mi corazón da un pequeño golpe en el pecho, no por emoción… por lo absurdo de la situación.

—Creo que… —empiezo, pero no termino la frase.

—Me haré responsable de lo que hice —añade con la misma calma.

Responsable.

La palabra me hace fruncir ligeramente el ceño.

Lo miro fijamente ahora, intentando procesar todo esto. Hace menos de veinticuatro horas me casé con su sobrino… y ahora estoy sentada frente a él, escuchando una propuesta de matrimonio como si fuera lo más normal del mundo.

—Esto… —murmuro, negando levemente con la cabeza—. Esto no tiene sentido.

Mi mente empieza a ir más rápido ahora, conectando cosas, imaginando escenarios que no son nada buenos.

Si esto se llega a saber… si el señor Adler, el padre de Rafael, se entera de esto… no solo sería un escándalo, sería un desastre completo. Ya estoy casada con su hijo. Legalmente. Y ahora su tio quiere que me case con el.

Eso no es solo un problema.

Es una bomba.

Aprieto el bolso entre mis manos, sintiendo la tensión subir otra vez.

—¿Usted siquiera está pensando en lo que está diciendo? —pregunto finalmente, levantando un poco más la voz de lo que pretendía.

Dominik no responde de inmediato. Solo me observa, con esa mirada fija que empieza a incomodarme más que cualquier otra cosa.

Trago saliva otra vez, sintiendo cómo la sorpresa se mezcla con algo más… algo que no logro definir del todo.

—Yo… —empiezo, pero me detengo.

No sé qué decir.

No estaba preparada para esto. No después de todo lo que ya pasó.

****************

Dominik se quedó mirándola durante unos segundos sin interrumpirla, como si le estuviera dando el espacio necesario para procesar lo que acababa de decir. No parecía impaciente ni incómodo, simplemente esperaba. Sabía perfectamente que su propuesta no era algo que pudiera tomarse a la ligera. No todos los días el tío de tu esposo te pide matrimonio frente a una mesa de hotel, y mucho menos en una familia como los Adler, donde cada decisión tenía consecuencias mucho más grandes de lo que parecía a simple vista.

Samantha permaneció en silencio, con la mirada fija en algún punto de la mesa, pero en realidad no estaba viendo nada. Su mente iba demasiado rápido, conectando ideas, escenarios, posibles consecuencias. Todo era absurdo, completamente fuera de lugar… pero también tenía un sentido que no podía ignorar. Rafael la había traicionado, la había humillado de una forma que no tenía perdón, y quedarse quieta, desaparecer o simplemente pedir el divorcio no le parecía suficiente. No después de lo que había leído. No después de cómo la había tratado.

Su suegra nunca la había querido, eso lo tenía claro desde el principio. Para esa mujer, Samantha siempre había sido una intrusa, alguien que no pertenecía a ese mundo, alguien que no estaba a la altura del apellido Adler. Así que, en el fondo, ¿qué más daba?

Si iba a romper las reglas…

entonces que se rompieran bien.

Lentamente levantó la mirada y lo miró directo, esta vez sin esquivar sus ojos.

—Está bien… —dijo finalmente, con una firmeza que no estaba ahí unos minutos antes—. Acepto casarme contigo.

Dominik no reaccionó de forma exagerada. No hubo sorpresa ni celebración. Solo una leve curvatura en sus labios, una sonrisa casi imperceptible que desapareció tan rápido como apareció, como si ya hubiera considerado esa posibilidad desde el principio.

Se levantó de la silla con calma, acomodándose el saco con ese gesto natural que parecía parte de él.

—Entonces no esperemos más —dijo con voz tranquila—. Vamos al registro civil.

Samantha parpadeó, siguiéndolo con la mirada mientras se ponía de pie.

—¿Ahora mismo? —preguntó, claramente desconcertada—. Eso es imposible… sigo casada con Rafael. Para hacer eso primero tengo que divorciarme.

Dominik giró apenas la cabeza hacia ella, mirándola por encima del hombro con una calma que resultaba inquietante.

—Solo sígueme. Yo me encargo de lo demás.

No explicó nada más. No lo necesitaba. En una familia como los Adler, ese tipo de frases no eran promesas vacías. Eran hechos en proceso.

Samantha dudó apenas un segundo, pero no se quedó atrás. Lo siguió fuera del hotel, sintiendo cómo todo se movía demasiado rápido, pero al mismo tiempo con una claridad que no había tenido desde que despertó. Si iba a hacer esto, lo haría sin retroceder.

Apenas cruzaron la entrada, un automóvil negro ya estaba estacionado justo frente a ellos, como si hubiera estado esperando desde antes. El chofer bajó de inmediato al verlos acercarse y abrió la puerta trasera con respeto, sin hacer preguntas, sin mostrar ninguna reacción.

Dominik entró primero y Samantha lo siguió un segundo después, acomodándose en el asiento mientras la puerta se cerraba con un sonido firme. El interior del vehículo era silencioso, elegante, completamente aislado del exterior.

El auto arrancó casi de inmediato.

Samantha giró ligeramente la cabeza para mirar por la ventana, viendo cómo el hotel quedaba atrás, cada vez más pequeño, mientras avanzaban por la ciudad.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP