Narra Amado
Me encuentro en mi oficina, observando la expresión de uno de mis mejores amigos después de que me ofreciera un trato que podría cambiarlo todo.
—Tendrías muchas ganancias si aceptas —insiste él, mirándome fijamente.
—¿El que te contrate? —Suelto una carcajada—. ¿Por qué querría verte la cara todos los días?
—Oh, vamos, "papi", sabes que no te arrepentirás —ríe, pero de inmediato recupera su semblante serio—. Sé que tú puedes con este negocio.
—No sé si la palabra adecuada sea "negoc