Narra Valeria
Desperté con la cabeza a punto de estallar y una sed que me quemaba la garganta. Al abrir los ojos, el techo blanco y el olor a desinfectante me confirmaron que no estaba en el infierno de Marcos, sino en un hospital. Miré a mi alrededor y vi a una persona sentada en un sofá, observándome en silencio.
—¿Qué hago acá, Víctor? —logré articular con dificultad.
—Recuperándote del incendio —respondió él con voz suave.
El pánico me recorrió la columna al recordar las llamas. —¿Marcos?
—N