El silencio tras las palabras de Yorick se sintió más pesado sobre el pecho de Josselyn.
Su mirada seguía fija en el nombre grabado en la lápida.
Anne.
Sus dedos se cerraron lentamente en puño. Y al fin, habló.
—No tomaré ninguna decisión en este estado.
Su voz era baja, firme… pero helada.
Yorick frunció el ceño.
—No tenemos tiempo para—
—¿Tiempo? —lo cortó Josselyn con sequedad.
Se giró hacia él, mirándolo por primera vez desde aquella bofetada.
—Tiempo es algo que tuviste desde el principio.