—¡Howarth… suéltame!
La voz de Josselyn se quebró. Sus manos empujaron el pecho del hombre, intentando liberarse.
Pero Howarth no se detuvo.
Al contrario, levantó el cuerpo de Josselyn por completo, la sostuvo con firmeza y se alejó de la puerta del palacio sin volver la vista atrás.
—Silencio —murmuró en voz baja, casi inaudible—. Si sigues así, te matarás antes siquiera de poder vengarte.
—¡Tengo que volver…! —Josselyn forcejeó de nuevo—. Anne… ella…
—Ya está muerta.
La frase cayó plana. No f