Esa pequeña caja de madera se sentía más pesada de lo que debía en las manos de Josselyn: como si lo que hubiera dentro pudiera salvarlo todo… o destruirlo por completo.
La puerta se abrió de golpe. Pasos pesados entraron sin pedir permiso. Era Darius.
Sin rodeos, sin explicaciones, le arrebató la caja de las manos.
—¡Darius!
—Yo la abriré —dijo con tono firme, sin dejar espacio a réplicas.
Josselyn frunció el ceño. —Ni siquiera sabe qué hay dentro…
—He oído que el Rey ha enviado soldados para