La ciudad se había convertido en un laberinto de espejos deformantes. Durante tres días enteros, mi vida se redujo a un solo objetivo: encontrar a Alissa. Recorrí cada lugar que alguna vez mencionamos, cada refugio, cada rincón donde su presencia pudiera haber dejado un rastro, pero fue como intentar atrapar el humo con las manos desnudas. Ella se había desvanecido, no solo de la firma, sino de la realidad misma.
Mi coche acumulaba kilómetros sin sentido, recorriendo las avenidas que conectaban