Los días en Jarabacoa seguían su ritmo sereno, pero Valeria sentía que algo en el aire había cambiado.
Ya no era el miedo constante de los primeros meses. Era algo más sutil, más profundo: la sensación de que el pasado aún no había terminado de soltarla del todo.
Esa mañana, mientras ayudaba a Mateo a reparar una de las cabañas para huéspedes, su teléfono vibró con un mensaje de Camila:
Camila:
“Val, solo para que lo sepas… Alejandro dio otra entrevista anoche en un programa de radio. No te nom