La reunión se celebró al día siguiente a las once de la mañana en una sala privada del Hotel Jaragua.
Valeria entró tomada de la mano de Mateo. Su corazón latía con fuerza, pero su paso era firme. Llevaba un vestido blanco sencillo, casi simbólico, como si quisiera representar claridad y honestidad. Mateo caminaba a su lado con traje negro, la mandíbula tensa y la mirada protectora.
Ramón Montiel ya estaba sentado a la cabecera de la mesa rectangular. A su lado, Elena parecía una estatua de ner