La mansión estaba en completo silencio cuando Valeria y Mateo regresaron del hotel.
Pero el silencio no duró mucho.
Ramón Montiel los esperaba en el salón principal, de pie frente a la chimenea apagada, con una copa de whisky en la mano y el rostro convertido en una máscara de furia contenida. Elena estaba a su lado, pálida y visiblemente nerviosa.
—Entren —ordenó Ramón con voz cortante—. Ahora.
Valeria apretó la mano de Mateo con fuerza antes de soltarla. Entraron juntos, pero ella se colocó l