La madrugada encontró a Luna aún despierta, sentada en el piso de su cabaña con la espalda apoyada contra la cama. El sobre blanco de Adrián estaba abierto frente a ella. El resultado del ADN estaba claro, escrito en letras frías y definitivas: Probabilidad de paternidad 99.9998%. Adrián era su padre biológico.
Luna leyó el papel una y otra vez, como si en algún momento las palabras fueran a cambiar. Pero no cambiaban. Su mundo entero se había movido de lugar en menos de veinticuatro horas.
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