Valeria se levantó lentamente, con las piernas temblando.
—Luna, mi vida… por favor, mírame.
Luna se giró hacia ella, con los ojos rojos e hinchados. Su mirada ya no era la de la niña alegre que soñaba con expandir el Refugio. Era la mirada de alguien a quien le acaban de romper el mundo.
—¿Qué más me ocultaste, mamá? —preguntó con la voz quebrada—. ¿Hay algo más que deba saber? ¿Mateo Jr. también es hijo de él? ¿Elena también? ¿Toda esta familia es una farsa?
Valeria negó con la cabeza desespe