Tres meses después del vigésimo quinto aniversario, el Refugio Verde amaneció bajo una lluvia fina que no cesaba. Valeria se levantó antes que Mateo, como siempre. Se puso su bata de lana y bajó a la cocina a preparar café. El olor a café recién molido siempre la calmaba.
A las siete y media, cuando estaba sirviendo la segunda taza, tocaron a la puerta principal. Era extraño. Nadie llegaba sin avisar. Luna tenía llave y los demás hijos llamaban antes.
Valeria abrió con cuidado.
Frente a ella ha