El viento de enero bajaba helado desde la loma. Valeria se ajustó el chal de lana sobre los hombros mientras caminaba despacio por el sendero que llevaba al río. Tenía las manos más delgadas ahora, con las venas marcadas y las manchas de la edad, pero todavía conservaba el anillo de compromiso que Mateo le había dado aquella noche bajo la lluvia, hacía ya más de cuarenta años.
Mateo caminaba a su lado sin decir nada, solo sosteniéndole el codo con suavidad, como si todavía temiera que ella pudi