Luna Camila cumplió cincuenta y dos años el mismo día que el Flamboyán de la Lluvia Eterna cumplió treinta y cinco. Esa mañana se levantó antes del amanecer, se puso el vestido blanco que Valeria usó en su juventud y bajó sola al río. Se paró frente a los cuatro árboles grandes —los de Valeria, Mateo, Vale y el suyo— y sonrió tranquila. Sabía que su corazón ya no daba más. Los médicos le habían dado meses, pero ella decidió que serían meses llenos de vida, no de tristeza.
Organizó la celebració