Treinta años después de aquella última lluvia.
El Refugio Verde era ahora un bosque enorme que se extendía por tres montañas. La escuela tenía más de quinientos niños al año, la casa grande se había convertido en un museo vivo y el río seguía siendo el corazón de todo.
Sofía Valeria, ya con sesenta años y el cabello completamente blanco, caminaba todas las mañanas hasta los cuatro flamboyanes. Se sentaba en el banco que Mateo había construido y hablaba con ellos como si todavía estuvieran ah