Veinte años después.
Vale cumplió noventa y un años sentada en el mismo banco del mirador. El Refugio ya tenía tres sedes, mil doscientos niños al año y un bosque que se veía desde el avión. Pero ella solo quería una cosa: que lloviera como aquella noche de hace setenta años.
La lluvia no llegaba desde hacía seis meses. El río estaba bajo. Los flamboyanes apenas tenían flores. Los niños preguntaban por qué los árboles estaban tristes.
Esa mañana Vale bajó sola al río, apoyada en su bastón de ma