La llamada llegó un martes por la mañana, a las once y doce minutos.
Valeria estaba en la cocina preparando café cuando sonó el teléfono. Lo tomó sin mirar, todavía sonriendo por algo que Mateo le había dicho minutos antes.
—¿Aló?
La voz del doctor fue corta y directa. No hubo forma suave de decirlo.
—Señora Valeria, su esposo sufrió un infarto masivo hace cuarenta minutos. Llegó sin signos vitales. Lo siento mucho.
El teléfono se le cayó de las manos. El sonido del aparato estrellándose contra