Habían pasado nueve días desde que Valeria encontró la carta.
Nueve días en los que Mateo y Valeria apenas se cruzaban. Se saludaban con un “buenos días” frío cuando se veían en el desayuno y luego cada uno seguía su camino. El Refugio seguía funcionando, pero dentro de la familia todo se sentía vacío.
Esa mañana amaneció nublado. El cielo se veía oscuro y pesado, igual que la primera noche que se conocieron.
Valeria estaba en la cocina preparando café cuando empezó a llover. Primero fueron got