Tres años después.
Amelia ya tenía once años y se había convertido en una niña completamente diferente. Sonreía todo el tiempo, ayudaba en elá” sin ninguna timidez.
Una tarde de septiembre, mientras jugaba cerca de las huerto, recibía a los visitantes nuevos y llamaba a Luna “mam tumbas de Valeria y Mateo, Amelia vio algo extraño entre las raíces del flamboyán. Era una pequeña caja de metal oxidada que asomaba apenas de la tierra.
La niña la sacó con cuidado y corrió emocionada hasta la oficina