Axel Vega Lazcano
León, Guanajuato, México
Amaia y yo, entramos a ese cuarto en el que mi hermanita estaba acostada, cubierta solo por una sábana y ya sin mangueras o cables, ya no tenía nada. Lucía muy pálida, pero con todo y eso no dejaba de verse hermosa y pura como siempre fue ella. Amaia, se puso muy mal al verla así y yo me sentí peor de ver a mi mujer en esa crisis tan terrible.
–Elisa, amiga, no me hagas esto – Amaia abrazó el cuerpo de mi hermanita – Tienes que despertarte. Tienes que