Capítulo 45 —El peso de un apellido
La quietud de la habitación, esa burbuja de relativa calma que Dante e Ivanka habían logrado mantener a duras penas, se hizo añicos con un sonido seco, metálico. La puerta no solo se abrió; fue invadida.
Dante, cuya consciencia oscilaba entre el sopor de los calmantes y la intensidad de la mirada de Ivanka sobre él, sintió cómo el aire de la habitación cambiaba de densidad en un segundo. Al ver quién atravesaba el umbral, un suspiro profundo, cargado de una me