Semanas después...
Annie había llegado temprano, con el cuerpo sintiéndose extraño; las náuseas le revolvían el estómago y un mareo persistente le nublaba la vista, pero no le importaba nada más que su madre.
Al entrar en la habitación, encontró a Victoria esperándola con una serenidad que contrastaba con su propio caos. Victoria le tomó las manos, apretándolas con fuerza.
—Estoy lista, Annie. He esperado este momento, y sé que todo saldrá bien —expresó su madre confiada transmitiéndole una paz