Las primeras páginas de los tabloides matutinos no daban tregua. La fotografía de Julián Winchester, ebrio, desaliñado y flanqueado por mujeres en un exclusivo club nocturno, se había esparcido como pólvora por los medios de comunicación y las redes sociales. Para un conglomerado como Winchester, que cotizaba en la bolsa de valores, aquello era un golpe directo a la confianza de los inversionistas.
Ian Winchester no desperdició ni un solo segundo. A las veinticuatro horas del incidente, la sala