—Has salvado la situación por ahora, Ian —concedió Marcos, con voz rasposa, golpeando la mesa con los nudillos para dar por concluida la sesión—. Pero no cantes victoria. Mantén a esa chica bajo control y asegúrate de que no haya más sorpresas. Tienes mi voto de confianza... temporal.
Ian no sonrió. Asintió con un gesto rígido, victorioso en su terreno. Recogió sus documentos y salió de la sala con paso firme. Había ganado la batalla del día, pero mientras caminaba hacia el ascensor privado, su