El teléfono sonó tres veces antes de que la llamada fuera conectada. Brenda Winchester apretó el elegante dispositivo contra su oreja, con los nudillos blancos por la tensión y el asco que le producía tener que recurrir a él. Tragó su orgullo, sabiendo que en una situación como esa, a veces había que usar a los peones más despreciables.
—Vaya, vaya. A qué debo el inmenso honor de esta llamada —respondió la voz cínica y arrastrada de Julián al otro lado de la línea.
Brenda cerró los ojos por un