La pregunta de Annie quedó sin una respuest. "¿Qué tantos enemigos tienes, Ian?" Él se quedó paralizado. La mandíbula se le tensó hasta que los músculos de su rostro dolieron. Sus ojos zafiro se encontraron con los de ella, pero esta vez no había en ellos la arrogancia del CEO invencible; solo había un poco de culpa y un dolor oscuro, profundamente enterrado. Sabía que cualquier cosa que dijera en ese momento solo aumentaría el pánico de la mujer que acababa de sacrificar su libertad por él.
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