Ian regresó a su silla, pero no se sentó. Tomó un sorbo rápido de su café.
—El día de hoy no hay ningún tipo de compromiso en el que debas participar —informó con frialdad—. Yo, por mi parte, tengo que ir a la compañía a hacer mi trabajo y arreglar el desastre de ayer. Eso es todo.
Annie frunció el ceño levemente. Las amenazas de Marcos Winchester en la mansión aún presionaba en su cabeza.
—¿Y cómo van las cosas con tu padre? —se atrevió a inquirir, genuinamente preocupada—. ¿Todavía la situaci