El reloj de la pared marcaba las cinco y media de la mañana. A través de los inmensos ventanales del Penthouse, el cielo comenzaba a teñirse de un gris pálido, anunciando un amanecer frío y nublado. Annie estaba de pie en la sala, con la pequeña mochila cruzada al pecho y cubierta por un abrigo largo que disimulaba tanto su equipaje como su incipiente embarazo.
Tomó una profunda bocanada de aire, llenando sus pulmones de valor. No había espacio para dudar. Sabía que el margen de error era mínim