El sol entraba con una insolencia insultante a través de los ventanales del Penthouse, bañando la habitación principal con una luz dorada que, para Ian, se sentía como una burla. Se despertó lentamente, con esa pesadez placentera que deja el cansancio después de una noche que finalmente le había devuelto la paz. Sonrió, estirando el brazo hacia el lado derecho de la cama, esperando encontrar la calidez de Annie, el refugio suave que tanto le había costado recuperar.
Pero sus dedos solo encontr