El claro aún olía a humo, las antorchas seguían encendidas aunque el juicio había terminado hacía rato, como una señal para que la manada recordara que el orden había sido restaurado o eso era lo que Eros quería que creyeran.
Ares había vuelto al oscuro hueco de la prisión, mientras que Eros caminaba hasta la piedra central con paso firme y sin dudas.
Eros vestía oscuro, sobrio, con el símbolo del linaje marcado en el pecho y la espalda recta como nunca antes.
— Desde hoy… — Anunció Eros, c