Selina fotocopiaba papeles mientras mantenía la mirada perdida, la oficina olía a café, lo que le revolvía ligeramente el estómago y le recordaba que ella debía ir al médico para confirmar lo que ya sospechaba.
Pero ahora, había algo más urgente en su mente, una idea tan loca, como ilógica, confirmar la naturaleza de Ares, ¿De verdad era un hombre lobo? ¿Eso existía? Si ella lo confrontaba y se lo preguntaba de frente, él lo negaría, obviamente.
Así que Selina tenía que encont