El bosque rugía bajo las patas de Ares, él no corría por placer, ni por vigilancia, ni por deber, corría porque quedarse quieto lo estaba matando.
Cada zancada era un intento desesperado por silenciar las palabras que Selina le había lanzado como cuchillas horas antes.
“Necesito espacio…”
“No quiero verte…”
“Hasta que seas honesto, no sé si puedo seguir aquí…”
El lobo dentro de él no entendía, gemía, se revolvía, chocaba contra sus costillas como una bestia her