Hubo un momento de silencio, Ares se quedó inmóvil, no respiró, no pestañeó, parecía de piedra.
Uno frente al otro se miraban fijamente, Ares se mantenía tenso, Selina se irguió con decisión, el corazón de ambos latía acelerado, él no respondió.
— Responde… — Insistió Selina. — ¿Qué eres…? ¿Cómo…? ¿Cómo saliste a ese bosque oscuro solo…? ¿Cómo alejaste a un animal salvaje y enorme…? ¿Cómo llegaste tan rápido? Ni siquiera pude escuchar tus pasos, yo…
Selina lo dijo con e