De pronto, una voz llegó detrás de ella, firme, segura, era Roth.
— Lyra…
Él apareció desde atrás, había dejado una estela de lobos tirados sin vida, un lobo atacó, él lo interceptó, su movimiento fue limpio, preciso, letal, en un segundo el lobo estaba tirado.
Los atacantes retrocedieron un paso, Lyra lo miró, aturdida.
— ¿Leo fue por Liana? — Preguntó Roth sin mirarla.
— Sí.
— Bien.
Roth asintió apenas, se veía tenso, muy tenso, saltó repentinamente y derribó a otro lobo con un movimiento seco y Lyra se preparó para lanzar otro ataque con sus poderes.
Ahora ya no se defendían, ahora ellos atacaban al enemigo y ambos, Lyra y Roth, uno junto al otro, parecían ser una fuerza imparable.
— Esto no termina aquí. — El líder de los atacantes gruñó.
Y entonces desaparecieron tan rápido como llegaron, dejando a Roth y Lyra más confundidos, ¿Qué había pasado? ¿Por qué se fueron?
El silencio cayó de golpe, el bosque se calmó, pero el cuerpo de Lyra todavía no, la energía seguía ahí, mientras ella seguía buscando rastros de los enemigos entre los árboles, ¿Podía ser una trampa? ¿Y si volvían? Las manos de Lyra temblaban, mientras ella preparaba su energía.
— Lyra… Mírame. — Roth la llamó repentinamente, Lyra levantó la vista. — Respira… Ya se fueron, no lo fuerces.
El tono de Roth no era suave, pero tampoco duro, era firme, como si no existiera otra opción.
Ella asintió y se concentró, Roth puso sus manos sobre los brazos de ella, subiendo y bajando, con un movimiento regular y tranquilizante, que sorprendentemente funcionó, la energía fue disminuyendo.
— Eso es… — Murmuró Roth. — No luches contra la energía… guíala.
Lyra cerró los ojos con fuerza, inhaló y exhaló, lo hizo otra vez, el temblor desapareció y cuando abrió los ojos, Roth seguía ahí, de frente, observándola, evaluándola.
Sus manos seguían sobre los hombros de ella, su presencia le traía tranquilidad, Roth la había calmado como ella misma no lo había logrado antes.
Fue un momento algo extraño y de repente, ella recordó. «Leo. Liana.»
— Roth…
Lyra estaba a punto de decirle que debían avanzar para ayudar a Leo y Liana, cuando un crujido entre los árboles rompió el momento.
Era Leo, él apareció entre las sombras, respirando con dificultad, con el cuerpo tenso, pero intacto y no estaba solo, Liana caminaba detrás de él, silenciosa, rígida.
Ambos, miraban la escena, Roth y Lyra, juntos, en un momento que parecía muy cercano.
Lyra sintió un nudo en el pecho y se apartó de Roth con rapidez.
— ¿Estás bien? — Preguntó Lyra de inmediato, acercándose a Liana.
Liana solo asintió con un movimiento mínimo, vacío, miró de reojo a Roth por solo un segundo y se volteó, para marcharse hacia la caravana.
Leo observó a Lyra por un segundo y luego miró a Roth.
— ¿Todo bajo control? — Preguntó Leo, aunque la respuesta era evidente.
— No lo suficiente. — Roth arrugó el entrecejo. — Tu trabajo es cuidar de Lyra, esa es tu misión aquí, para eso pediste venir, ¿No?
— Y eso es exactamente lo que estoy haciendo… — Respondió Leo tensándose.
— Si es así, entonces, ¿Qué hacían los dos solo en el bosque, lejos del campamento? — Roth dio un paso al frente, amenazante.
Hubo un momento de silencio, tenso.
— No fue culpa de Leo… — Lyra dio un paso hacia Leo. — Fue mi culpa, yo fui quien se alejó, él solo venía a buscarme cuando sucedió el ataque y…
— Esa no es excusa… — Gruñó Roth con autoridad, para luego dirigirse a Leo. — Si no vas a servir para lo que se supone que viniste y de paso los demás van a poner excusas por ti, puedes volver con la manada de Ares a ocupar el puesto de beta que dejaste…
— Roth, ¡no…!
— Lyra… — Leo la interrumpió, arrugando el entrecejo. — No me defiendas…
Leo fue a dar un paso hacia Lyra también, pero se detuvo, algo en su mirada había cambiado, no era solo preocupación, era distancia.
— Es cierto, no deberías quedarte sola, nunca… — Soltó Leo, finalmente, con los puños apretados. — Asumo mi responsabilidad… No volverá a suceder, no habrá otro descuido.
— Pero… No fue tu culpa. — Murmuró Lyra, frunciendo el ceño.
…
Era de noche, el fuego de la fogata en el centro del campamento comenzaba a mermar, ya todos habían cenado y varios de los guardias se habían ido a dormir, solo quedaban Roth, Lyra y un par de hombres.
— ¿Cómo podemos saber quiénes eran? ¿De parte de qué alfa venían? — Preguntó Lyra, concentrada, viendo como la llama se iba extinguiendo.
— Ya estoy en eso, voy a mover todos mis contactos hasta dar con el culpable… — Respondió Roth lleno de seguridad.
Y justo en ese instante, pasó Liana junto a ellos, sin decir una palabra, llevaba una cubeta en las manos, posiblemente para buscar agua a un pozo cercano.
Y cuando ella cruzó cerca de Roth, su cuerpo se tensó, fue apenas un segundo, pero él lo sintió, sus ojos la siguieron, solo un instante y luego volvió a Lyra, como si nada hubiera pasado.
— Tenemos que movernos, mañana temprano avanzaremos hacia la siguiente manada, esto no fue una coincidencia… — Dijo finalmente Roth. — Así que es hora que descanses, ve a la cama, mañana seguiremos con el viaje…
Lyra asintió, aunque su mente seguía atrapada en mil pensamientos, en el ataque, en su poder que parecía cada vez más inestable, en la mirada de Leo cuando la vio con Roth, en el silencio de Liana y en como Roth la calmó.
Tan firme, tan seguro, tan necesario en momentos como ese ataque y eso era lo que más la inquietaba, porque una parte de ella, empezaba a confiar en él.
Lyra se levantó para resguardarse en su carpa, despidiéndose de Roth, quien se quedó frente al fuego, pues le tocaba hacer la primera guardia.
Y entonces, cuando ella se hubo marchado, cuando pasó el tiempo suficiente, cuando se aseguró de que nadie lo estuviera viendo, Roth se levantó de su lugar y se adentró en la oscuridad del bosque, siguiendo un aroma, que por más que trataba de evitarlo y disimularlo, lo tenía enloquecido, lo llamaba a gritos.
El olor de Liana.