Cómo ya había pasado antes, Liana lo sintió llegar antes de que él tocara la puerta, su loba lo sentía siempre así, antes que sus oídos, antes que sus ojos, como una vibración que le recorría la columna y le decía: es él.
Esa noche no fue diferente.
— Adelante. — Habló Liana sin moverse del lugar donde estaba, de pie junto a la pequeña mesa, simulando ordenar unas telas que no necesitaban ser ordenadas.
Roth entró, cerrando la puerta detrás de él, no dijo nada al principio, eso también era pa