Luego de todo el alboroto, los tres compartieron la pequeña caja de chocolates que Megan había comprado. Al principio Albert no quiso recibir porque le daba cierta vergüenza, pero April no le dio opción de negociar.
— Lo voy a llamar, Albert. — Aseguró April, luego de largo rato mirando al oso.
— ¿Cómo yo?
— Sí, es el mejor nombre, así me acordaré de ti cada vez que juegue con él… Además, él es niño porque tiene un lazo azul… ¡Ya sé!, ¿quieres jugar conmigo?
— Nena, no creo que… — Intentó i