Freya asintió con las lágrimas aún corriendo por sus mejillas, y podía sentir su pecho temblar porque cada palabra que Ethan pronunciaba era como un espejo de lo que ella había sentido durante todo ese tiempo, y no sabía cómo era posible que dos personas tan asustadas y tan confundidas acabaran de pie en aquella silenciosa sala de juntas con todas las máscaras que habían dejado caer.
—Lo siento —respondió Freya con voz temblorosa pero clara—. Lo siento cada vez que me miras, cada vez que me toc