El aire de la terraza me golpeó el rostro en cuanto crucé el umbral, era un frío gélido pero necesario, el tipo de choque que necesitas cuando sientes que tu propia piel te quema, intenté respirar pero mis pulmones parecían haberse vuelto de piedra.
Seguía ahí atrapada en la barra, en la forma en que Adrián me había mirado, en su cercanía, en la confesión que quedó suspendida entre nosotros. Había estado a punto de pasar algo y ese algo no debía suceder.
Me apoyé en la baranda, apretando el met