El eco de la melosa voz de Diana y la peculiaridad de su "agradecimiento" dejaron a Joren con una incómoda mezcla de alivio y una creciente preocupación. Mientras observaba a su madre retirarse del comedor de la mansión en Puebla, su figura de vestido elegante desvaneciéndose en la distancia, una punzada de arrepentimiento lo asaltó. Joren se sintió un poco preocupado por la información que le había dicho a su madre.
Él había esperado que Diana, con su astucia habitual, no hubiera creído su rel