El apretón de manos entre Yago y Joren, aunque sellaba una alianza tácita, era en realidad una tregua incómoda, pero absolutamente necesaria en la guerra interna que libraba la familia Castillo. La tensión en la cafetería, aunque momentáneamente aliviada por el acuerdo tácito, aún flotaba en el aire como una promesa tácita de futuros desafíos y complicaciones. Había una expectativa silenciosa sobre el siguiente movimiento, una espera que Yago no tardó en cumplir, demostrando su astucia estratég