La camioneta se detuvo con suavidad frente a la imponente entrada principal del Hotel Central, un edificio que parecía fundirse entre la historia y la modernidad con una elegancia inconfundible. La fachada, adornada con grandes ventanales de cristal y molduras clásicas, reflejaba la luz dorada del amanecer. Aquel lugar era más que un simple hotel: era un símbolo de la sofisticación y el prestigio de Veracruz, un escenario habitual para encuentros de negocios y decisiones que podían cambiar dest