El silencio denso y cargado de hormonas no consumadas fue interrumpido por tres golpes secos y discretos en la puerta de la suite, rompiendo la burbuja de tensión que envolvía a Yago y Alina como una segunda piel.
—Servicio a la habitación —anunció una voz amortiguada y profesional desde el pasillo.
Yago se puso de pie, agradeciendo internamente la interrupción mundana que le permitía respirar y reorganizar sus pensamientos. Caminó hacia la puerta y la abrió, permitiendo que un empleado joven c