El aire en la habitación 402 del motel se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que nacía del roce de dos cuerpos sudorosos que buscaban cosas diferentes. Belém yacía boca arriba en el centro de la cama King Size, con las piernas cerradas pero relajadas, sintiendo el peso reconfortante y abrumador de Yago sobre ella.
No había penetración todavía. Yago había detenido su avance, quedándose suspendido en ese limbo donde la piel es la única frontera. Su pecho desnudo y firme pres