El botón de "Enviar" había sellado el destino de la reunión del lunes, lanzando el guante directamente a la cara de Viktor Korályov. Yago dejó el celular sobre la superficie fría y pulida de su escritorio de caoba con un golpe seco, un sonido que resonó brevemente en la inmensidad de su despacho. Se recargó en el respaldo de cuero de su silla ergonómica, esperando sentir la satisfacción habitual que seguía a una declaración de guerra, esa descarga de adrenalina que le confirmaba que él era el d