El suave zumbido del motor y el movimiento constante del autobús actuaron como una canción de cuna para Nant, quien, agotada por la semana académica, cayó en un sueño profundo apenas salieron de Puebla.
Cuando abrió los ojos, la luz del atardecer ya bañaba el paisaje tropical. Miró por la ventanilla y reconoció de inmediato la estructura de la caseta de peaje de La Antigua. El corazón le dio un vuelco de alegría. Eso significaba que el viaje promedio de cuatro horas y quince minutos estaba por